Una muchacha así, en cualquier lugar,
o preferiblemente junto al mar...
Una muchacha así queriendo a un hombre.
(...)
desde mi soledad casi sonora,
cada noche que estudia para aurora
te espero como a Dios... y vienes hombre!
(...)
¡Echate en mis entrañas...
Es necesario que no pienses en el mar;
me sube por el pecho, callándose de pronto.
(...)
Ahora me gustaría un refajo de lunares,
(...)
algo que me trocara el alma de repente.
(...)
haciendo como que soy,
entre periódicos y flores,
borrándome contigo simplemente...!
(...)
Hombre que me estremeces la orilla del asombro:
ponme el verano entero aquí por la cintura.
El tratamiento de la temática erótica, llevada a veces a niveles insólitos en los diferentes planos conformativos del hecho poemático, será uno de los aportes más grandes de Carilda al ámbito de la poesía cubana e hispanoamericana
Su inusitada violencia temperamental ha sido fuente nutricia para destacadas poetisas que le han sucedido.
La antología Versos de amor (1962) es la compilación de toda su obra poética, tanto édita como inédita que respondiera a la temática amorosa. Aquí se reúnen poemas de disímil concepción y factura estética, correspondientes a períodos creativos diversos desde Preludio lírico hasta el momento de la edición en los comienzos de la década de los sesenta. Se condensan aproximadamente veinte años de quehacer poético donde el amor y su cúspide erótica fueron tratados desde todas las ópticas posibles por la autora. Su producción más eminentemente neoromántica –expone López Lemus- de las décadas de 1940 y 1950 se reúne en la antología Versos de amor, de 1962. El auge de este tipo de poesía de la corriente neoromántica a la que ella se adscribe convirtió a la matancera en una poetisa-leyenda y le concedió popularidad, sólo que a la vez que le otorgaba esta popularidad su actitud lírica se iba desvirtuando ante las exigencias de la crítica literaria que no estaba exenta de razones al objetar lo cursi y fogoso de muchos poemas que conforman el libro, pero que careció a la vez de otras perspectivas posibles para advertir los rasgos ciertos y duraderos de ese erotismo.
(...)
Te mando ahora a que lo olvides todo:
aquel seno de nata y ternura,
aquel seno empinándose de un modo
que te pudo servir de tierra dura;
aquel muslo obediente, pero fiero,
que venía de sierpes milenarias,
aquel muslo de carne y de me muero
convocado en las tardes solitarias.
Nótese la maestría de este lirismo, fino lirismo erótico que sabe nombrar lo carnal y humanizarlo dándole una connotación sorprendente a la imagen erótica. Véase como en el penúltimo verso del segundo cuarteto se intercala la frase coloquial me muero, en una función de subordinación poética, en un algo más que decir de aquel muslo. Hay una gradación ascendente dada por el dinamismo expresivo de los sustantivos: seno, ternura, modo, tierra (primer cuarteto). Muslo, fiero, sierpes, carne, tardes (segundo cuarteto). Intercalados en la médula de las imágenes independientes (versos) que conforman la imagen total de la primera parte del poema. Para merecer el título de imagen literaria, se precisa un mérito de originalidad. Una imagen literaria es un sentido en estado naciente: la palabra –la vieja palabra- viene a recibir un significado nuevo (Gastón Bachelard).
Desaparece el polvo (1984) será el libro que cierre el ciclo de la trayectoria creativa de la poesía de Carilda. En él se prolonga y concluye el segundo momento importante de su lírica. El erotismo y sus implicaciones afectivas y situacionales –el erotismo íntimo, el erotismo reflexivo, etc- será la temática primordial del libro, conformado por veinticinco poemas de los cuales sólo dos habían sido editados en anteriores volúmenes (Elegía en abril y El lirio).
(...)
Al señalar el tratamiento del tema erótico de Carilda apuntábamos que su desenfado y desprejuicio social e individual la convertían en fundadora de una frase de intención erótica descarnada y profunda, novedosa en el plano de la poesía femenina contemporánea hispanoamericana.
Su poema Anoche incluído en Desaparece el polvo es muestra de un alto y fino erotismo humano, a la vez que trae en su estrofa final una reflexión de carácter filosófico sobre la vida, así vemos cómo el motivo erótico implica, se prolonga y suscita otras posibilidades cognoscitivas.
Anoche me acosté con un hombre y su sombra.
(...)
vivimos un rato de selva esa salud colérica
conque nos mata el hambre de otro cuerpo.
Anoche tuve un náufrago en la cama.
Me profanó el maldito.
Envuelto en Dios y en sábana
nunca pidió permiso.
Todavía su rayo láser me traspasa.
(...)
Hoy encontré esa mancha en el lecho
tan honda
que me puse a pensar gravemente:
la vida cabe en una gota.
Al considerar a Carilda fundadora de una expresión erótica nueva nos limitamos exclusivamente al contexto de la poesía erótica femenina hispanoamericana, y precisamos que es en la fundación de sus imágenes eróticas (determinadas imágenes eróticas, las de mayor rango lírico) donde se advierte en ella el intento de una expresión erótica revitalizadora, libre de los convencionalismos sociales, epocales e individuales a que están sujetas, más que menos en los sectores de su poesía que tocan lo erótico en sí las grandes líricas posmodernistas que antecedieron a Carilda. Me refiero al conocido grupo de las grandes poetisas, Juana de Ibarboru, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Gabriela Mistral. Carilda al asumir el motivo erótico se despoja de todo prejuicio y convencionalismo social, no es feminista ni reprimida y su carnalidad sorprendente y humana hace que veamos en ella una nueva sensibilidad de lo erótico, una variación de lo erótico, más que una sucesión de la sensibilidad erótica ya contemporánea, o sea, Carilda intenta una contemporaneización más ambiciosa del tema erótico, y esto es cuando lo logra a través de una extrema naturalidad expresiva, con franqueza coloquial y hondura lírica. Estos fragmentos de los poemas Discurso de Eva y Te mando ahora a que lo olvides todo, nos ayudarán a explicar mejor lo expuesto.
Este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche
tengo como un miedo de madre a quien dejaste
sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Y a la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.
Tomado de Arique.
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
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