Conocía a Pedro Pablo Pérez por mediación de un hombre al cual nunca le podré agradecer lo suficiente por haberme dado sus coordenadas, nos citamos allá en las nubes y desde entonces no hemos dejado de parir sueños, unos ya se han hecho realidad y nos queda el sabor en la mirada, otros vienen en camino y otros aun se están gestando en nuestro vientre, pero este hombre me infunde valor y me hace ver todos los días que lo posible no es una quimera, sino un estado de catarsis creativa donde solo importa el empeño y la dedicación que le pongamos a las cosas.
Plagio de lo humano es el resultado de los desvelos del autor en esas largas madrugadas escribiendo y reescribiendo el libro, miró toda su vida, lo que le andaba por dentro y por fuera de la piel y lo calcó, lo copio fielmente y lo tradujo en versos, de ahí el plagio indiscutible, de ahí la condena de la cual no se le puede exonerar, porque a decir de él mismo: es un cuerpo plagiado de lo humano/solitario y profundo./ y ese mismo cuerpo sostiene al comienzo del poema que está dividido en pedazos. De ahí su profunda melancolía, su añoranza de todo lo vivido en otros escenarios donde: Mutilado se le quedó el cuerpo cuando volaron las gaviotas en busca de otros mares./volaron en pedazos mis brazos./quedé sin voz propia, pronunciando palabras incoherentes./ Se alteró mi geografía. /Hoy no conozco los puntos cardinales.
Por ello Pedro Pablo es un poeta del mundo, sin fronteras ni ataduras de ninguna clase que lo comprometan a servir de testaferro, su único sacerdocio es la palabra casi agria que sale de sus ojos, cuando conversa con su madre a través de un poema para pedirle que: /no dejes que la luz se apague cuando la noche llegue/ para culminar como niño recién nacido clamando por el pecho materno para mitigar su hambre, el hambre de Patria, de cielo, de afectos que padece el poeta y que se demuestra en el que titula: Amigo a la distancia, para mí, uno de los más logrados, pese a que utiliza recursos harto conocidos en canciones y poemas de exilio, pero lo salva con el verso final que es endemoniadamente bueno, considero que este es uno de esos poemas que te calan en el alma y que está plagado de imágenes fortísimas, de esas que te hacen pensar: Yo tomé el tren de las fronteras/sin maletas, ni equipajes reforzados./ Me llevé un poco del mar en una lata y una palma real sembrada en mi pecho, /tu quedaste encerrado con tus sueños. /Yo pretendo despertar de los recuerdos. /
Cuando viajamos a través de las páginas de este libro nos damos cuenta de que el autor como tantos otros han hecho suyas las temáticas predilectas de los poetas: el tiempo, (la constante), la nostalgia, el silencio, el desamor, etc., pero a mí en lo particular me llama la atención otra arista que me ha dado mucha satisfacción y es el erotismo implícito en el libro, el poeta se desborda sutilmente como el que no quiere las cosas y pone al lector a jugar con las pasiones en su poema Fantasía y nos regala Los sabores de la noche, en otro poema exquisito donde hubo fresa en tus labios/un licor de caramelo/rondando en tus rodillas./
Confieso que mi viaje al centro mismo del poeta recién comienza, porque por más que queramos imbricarnos dentro de cada uno de estos versos no podemos, porque los versos están en todas partes, se han reproducido en mi cabeza, y ya no sé si es Pedro Pablo quien plagia en sus adentros, o en mis adentro también naufragan otros versos parecidos a estos versos, es la interrogante que llevamos cifrada en el alma los poetas, quién copia a quien, quién plagia a quien, si somos puro sentimiento y estamos hechos de la misma costilla rota, nos duele el mundo, y no nos queda otra cosa que plasmarlo.
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