Edición 4 @ Enero / Julio 2009
entradA_
quienes somoS_
artistaS__
contactoS_
enlaceS_
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Monologo: "Sembrando" de Marcos Rafael Blanco Belmonte interpretado por el actor puertorriqueño Edwin de Jesús

 
 
 
 

La Asociación Cultural Latinoamericana “Arte Insomne”, presentó en su Peña del mes de abril en Obini Gallery, el Monólogo: "Sembrando" de Marcos Rafael Blanco Belmonte interpretado por el actor puertorriqueño Edwin de Jesús como parte de la difusión de las obras del VIII Festival latinoamericano del monólogo “Teatro a una voz 2009” el cual se celebró en la  Sala Havanafama en febrero del año en curso en la ciudad de Miami,
Al Festival acuden actores de diferentes países, como Italia, México, Perú, Argentina, Costa Rica, Cuba, Honduras, Venezuela, etc., aunque en su gran mayoría radicados en los Estados Unidos.

Fue redactor de la Revista Meridional y redactor-jefe y director literario del diario La Unión, dándose a conocer desde muy joven como notable poeta y alcanzando como tal varios premios de honor y primeros premios en los Juegos Florales y certámenes literarios celebrados en Sevilla, Cádiz, Málaga, Córdoba, Valladolid, Almería y otras capitales.
Al trasladarse a Madrid ingresó en la redacción de La Ilustración Española y Americana. Desde 1906 dirige La vida en el hogar, que semanalmente publica El Imparcial; siendo colaborador asiduo de los principales periódicos de España y América y redactor-corresponsal de El Tiempo de la Habana.
Es uno de los mejores cuentistas españoles, como se puede ver en sus volúmenes en versos llenos de ternura a favor de los niños abandonados titulados Negros y Azules, Almas de niño y De la tierra española. Sus poemas fueron recogidos en el libro Aves sin nido, prologado por Manuel Reina. En prosa escribió Los adelantados de Ideal, Jornadas novelescas, El capitán de las esmeraldas y Al sembrar los trigos.
Fue nombrado comendador de la Orden de Alfonso XII y premiado con la medalla de plata del Centenario de los Sitios de Zaragoza.

SEMBRANDO 

De aquel rincón bañado por los fulgores 
del sol que nuestro cielo triunfante llena; 
de la florida tierra donde entre flores 
se deslizó mi infancia dulce y serena; 
envuelto en los recuerdos de mi pasado, 
borroso cual lo lejos del horizonte, 
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado, 
del sembrador más raro que hubo en el monte. 

Aún no se si era sabio, loco o prudente 
aquel hombre que humilde traje vestía; 
sólo sé que al mirarle toda la gente 
con profundo respeto se descubría. 
Y es que acaso su gesto severo y noble 
a todos asombraba por lo arrogante: 
¡hasta los leñadores mirando al roble 
sienten las majestades de lo gigante! 

Una tarde de otoño subí a la sierra 
y al sembrador, sembrando, miré risueño; 
¡desde que existen hombres sobre la tierra 
nunca se ha trabajado con tanto empeño! 
Quise saber, curioso, lo que el demente 
sembraba en la montaña sola y bravía; 
el infeliz oyóme benignamente 
y me dijo con honda melancolía: 
—Siembro robles y pinos y sicomoros; 
quiero llenar de frondas esta ladera, 
quiero que otros disfruten de los tesoros 
que darán estas plantas cuando yo muera. 

—¿Por qué tantos afanes en la jornada 
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco 
murmuró, con las manos sobre la azada: 
—«Acaso tú imagines que me equivoco; 
acaso, por ser niño, te asombre mucho 
el soberano impulso que mi alma enciende; 
por los que no trabajan, trabajo y lucho; 
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende! 

»Hoy es el egoísmo torpe maestro 
a quien rendimos culto de varios modos: 
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro. 
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos! 
En la propia miseria los ojos fijos, 
buscamos las riquezas que nos convienen 
y todo lo arrostramos por nuestros hijos. 
¿Es que los demás padres hijos no tienen?... 
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre 
y, en las guerras brutales con sed de robo, 
hay siempre un fratricida dentro del hombre, 
y el hombre para el hombre siempre es un lobo. 

»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo, 
yo me afano y me impongo ruda tarea 
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo 
aunque pobre y humilde parezca y sea. 
¡Hay que luchar por todos los que no luchan! 
¡Hay que pedir por todos los que no imploran! 
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan! 
¡Hay que llorar por todos los que no lloran! 
Hay que ser cual abejas que en la colmena 
fabrican para todos dulces panales. 
Hay que ser como el agua que va serena 
brindando al mundo entero frescos raudales. 
Hay que imitar al viento, que siembra flores 
lo mismo en la montaña que en la llanura, 
y hay que vivir la vida sembrando amores, 
con la vista y el alma siempre en la altura». 

Dijo el loco, y con noble melancolía 
por las breñas del monte siguió trepando, 
y al perderse en las sombras, aún repetía: 
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»

 

 

 


 
 

Asociación Cultural Latinoamericana.2005
®Todos los derechos reservados